CAMINANDO PASO A PASO

viernes, 18 de julio de 2008

CAMINO PRIMITIVO INTRODUCCIÓN


INTRODUCCIÓN
Este año, hemos recorrido el “CAMINO PRIMITIVO”, la primera ruta que existió hasta Santiago de Compostela tras el descubrimiento del sepulcro.
Gracias a esta peregrinación descubriremos iglesias, monasterios, puentes y hospitales, que surgieron para resolver las necesidades de emigrantes peregrinos que a lo largo de los siglos han ido “Caminando paso a paso” consiguiendo un intercambio cultural sin precedentes del que nos beneficiamos los caminantes del S. XXI. y que nos hace traernos del “Camino” experiencias únicas.
El Camino Primitivo parte de Oviedo y se adentra por el interior de Asturias y Galicia. Éste fue el camino que tomó el rey Alfonso II El Casto cuando fue a visitar los restos del Apóstol por primera vez.
Este Monarca, reinó durante un largo periodo de tiempo (entre el año 791 y el 842). Estableció la capital en Oviedo, a la que dotó de numerosos edificios públicos y construyó numerosas iglesias (Cámara Santa, San Tirso, San Julián de los Prados...). Es durante su reinado cuando se produce el milagroso descubrimiento de la tumba del Apóstol Santiago.
Según se cuenta -el primer testimonio escrito de los hechos, datado en 1077- un ermitaño empezó a observar durante las noches resplandores misteriosos. Inmediatamente informó del hallazgo a Teodomiro, obispo de Iria Flavio (Padrón – La Coruña) que marchó a aquel lugar, encontrándose que esa luz revelaba el lugar donde estaba enterrada el Arca Marmárea, sepulcro de Santiago el Mayor y otros dos discípulos.
El monarca organiza un viaje a este lugar rodeado de sus principales nobles, y al llegar al citado "Campo de Estrellas" (Compostela) manda la construcción de una pequeña iglesia de estilo asturiano, que ha sido constatada por las excavaciones arqueológicas.
Desde este momento, se traslada la sede episcopal y queda establecida oficialmente la tumba del apóstol en aquel mágico lugar, cercano al cabo de Finisterre, punto situado en el extremo occidental de Europa.
El camino a Finisterre era indicado desde cualquier lugar de Europa por las estrellas de la «Vía Láctea». Desde antiguo se creía que allí se acababa el mundo y que el Atlántico era «la tumba del sol». Posiblemente estos hechos geográficos y astronómicos ayudaron a reforzar el magnetismo que desde entonces provocó en millones de almas la ruta jacobea, y que se prolonga hasta nuestros tiempos.

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